Licinio fue un brillante oficial en las campañas
de 297-298 contra los Persas. El 11 de noviembre del año
308 fue sorpresivamente impuesto como Augusto por
Galerio
durante la reunión de Carnuntum (Petronell, Austria). Este
nombramiento no fue aceptado por los demás competidores por
el poder dando inicio a los desordenes subecuentes. Luego de la
muerte de
Maximiano en el 310 y de
Galerio en el 311, Licinio tuvo que enfrentarse
a
Maximino II Daza, derrotado en marzo
del 313, quien quería controlar las provincias balcánicas.
Por su parrte
Constantino, el 28 de
octubre del 312, derrotó a
Majencio,
quien había tomado el control de Italia y Africa, en la batalla
de Saxa Rubra (cerca de Pons Milvius, Roma). Licinio quería
aprovechar el creciente poder de
Constantino
y se casó con su hermanastra, Constancia, con la cual tuvo
un hijo llamado
Licinio II. Licinio
y
Constantino emitieron el famoso Edicto
de Milán sobre tolerancia religiosa que favoreció
a los cristianos, lo que atrajo hacia ellos a la población
cristiana de las regiones orientales del Imperio. Por un corto tiempo
pareció que los dos aliados podían gobernar juntos
en una pacífica diarquía, pero pronto aparecieron
problemas entre ellos por asuntos territoriales y la amistad terminó.
Licinio cambió su actitud hacia los cristianos cuya influencia
y cercania a
Constantino veia cada
vez más como una amenaza. En el año 324 los godos
invadieron Tracia, provincia bajo el control de Licinio quien no
intervino porque, según dijo, estaba muy lejos.
Constantino
era consciente de que la invasión podía tornarse muy
peligrosa para sus territorios por lo que, violando el pacto de
no ingerencia con Licinio, marchó con sus tropas a Tracia.
Con esto la guerra entre ambos se hizo inevitable y llegó
a su punto culminante cuando
Constantino
derrotó a su cuñado en Adrianópolis (Edime,
Turquía) en setiembre del 324. Derrotado nuevamente unos
meses después, Licinio se rindió, siendo exilado a
Tesalónica en Grecia. Algo después, acusado de estar
tramando un complot, fue asesinado.